terça-feira, 13 de outubro de 2009

Casa com ria em baixo (16)



Nota: Recupero excertos da entrevista dada por Marcus Eoin e Michael Sandison (a.k.a. BoC) à edição da Mondo Sonoro de Março de 2002. A Mondo Sonoro é uma revista sobre actualidade musical «alternativa» e é de distribuição gratuita embora tenha mais qualidade (quer em crítica, quer em divulgação ou entrevistas) que outras congéneres que são pagas.

Quien abajo firma es consciente que la inmensa mayoría de lectores de Mondo Sonoro habrán fruncido el ceño al ver a Boards Of Canada en la portada de este número de marzo. Unos, por simple desconocimiento de su música. Otros, por conocerla demasiado bien. Y algunos más, estupefactos, por sentir que la revista ha vuelto a traicionar su espíritu rockero con un hijo directo de esa modernidad que tan poco entienden y, en consecuencia, estiman. (...) Boards Of Canada conservan la extraña virtud de conmover a sus seguidores con una ecuación expresiva con pocas probabilidades de traspasar la epidermis. Electrónica invernal, ritmos hip hop, melodías nostálgicas, atmósferas perturbadoras y tradición Warp componen su herencia. A partir de ahí, el dúo inglés se inventa el sonido del desasosiego: esa música herida que las grandes urbes de nuestro día a día evitan sentir como propia. Banda sonora del desconcierto, la distancia y el aliento gris que invaden nuestras ciudades, nuestras vidas, la música de Boards Of Canada contiene la verdad que muchos se niegan a ver o escuchar, y en su función de espejo involuntario recae la tristeza, emoción y ensoñación de las obras que, ahora y mañana, están destinadas a sobrevivirnos. En su aparente abstracción sonora reside otro milagro de la sensibilidad post-moderna.

(Eoin) “Intentamos crear melodías que vayan al grano, algunas de ellas basadas en sonidos uniformes o en la repetición de riffs que aparecen súbitamente y luego se desarrollan. Tú escuchas el disco y te quedas con algunos momentos encantadores que, en todo caso, son transitorios; pero después de sucesivas escuchas te sorprendes nuevamente cuando encuentras algo que habías olvidado desde la primera escucha”.

Eoin y Sandison se perfilan, disco a disco, como dos nostálgicos crónicos, como dos creadores marchitos por una tristeza incansable que se traduce, sin duda alguna, en cada uno de sus pentagramas. Sin quererlo, quizás, ambos fotografían la calidez del derrumbe, la hambruna de la melancolía. Y eso es, muy probablemente, uno de los aspectos que les distinguen de muchos otros referentes electrónicos que todavía no han optado por sacrificar los imperativos de la psique. Ellos fabrican música infinitamente más humana y cercana que muchas bandas de rock, emocore, pop, folk o techno.

(Sandison) “Supongo que la cuestión es que nosotros no escribimos a conciencia canciones que entristecen a la gente. Nosotros simplemente escribimos aquello que sentimos, y habitualmente la música surge de ese modo. Muchas de las melodías han sido escritas por mí, y sé que yo tengo cierta tendencia a la tristeza”.

(Eoin) “Creo que el hecho de sonar nostálgicos y todo eso no es algo que persigamos, sino que ocurre por cómo somos como personas y cómo pensamos.

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